miércoles, 10 de diciembre de 2008


Mi refugio perdido en el viento que busco cuando me vuelo.

lunes, 1 de diciembre de 2008


La verdad un poco de asombro al ver con casi la misma mirada el mismo horizonte.
Si, 39 años son una diferencia! Por lo menos eso pense!
Diferencia sobre la piel, arrugas apenas arrugadas que no hablaban mas que de alguna vieja voz interior que me hacia reflejos.
Por inercia salian a flote y de la mano.

[PUNTO Y APARTE]

Dudas, preguntas, y esas que nos hacemos todos los dias, por momentos uno cree caer en un pozo de respuestas y al mismo tiempo se abren mas interrogantes.
Cuantas veces me habre retorcido haciendome preguntas con respuestas sin sentido, vanas, buscando esa minima dosis de certeza que muy pocas veces aparecía.
Cuantos dias con la misma de ayer y todavia sin respuesta.
Y por suerte no existe siempre una certeza que nos deje las cosas del todo en claro, esas idas y vueltas son fabulosas, son las que quiero.
Depositos repletos que de a poco se vacían y se vuelven a llenar.
No quedarme siempre con un misero signo de pregunta pero creo que mientras tenga una puñado y me falten algunas respuestas todavia voy a estar despierto.
Solo respuestas no es mas que un sueño dormido.

MURGA


en movimiento.

Tranvia


Tal vez fue en Villa Urquiza. Manuel Mandeb venía vaya a saber de dónde. En cierto momento, al llegar a un empedrado se encontró con los rieles del antiguo tranvía.
No es posible saber qué silogismos se trenzaron en su cabeza. El caso es que se detuvo en una esquina y se puso a esperar.
Ya era tarde. Pasaron horas. Un paseante curioso se le acercó.
—Lo veo desorientado ¿Puedo ayudarlo?
—No, gracias. Estoy esperando el tranvía.
El hombre le informó que hacía muchos años que ya no pasaban tranvías por allí.
—No importa. Esperaré.
Cada tanto se asomaba hasta el medio de la calle y un poco agachado escudriñaba el horizonte.
A veces caminaba algunos metros por la calle lateral, hasta que súbitamente volvía corriendo a la esquina, temeroso de que el tranvía apareciera justo en medio de sus modestas excursiones.
Más tarde, recordó que en este mundo las cosas se demoran cuando perciben que son esperadas. Resolvió ejercer el disimulo mirando en todas direcciones menos en aquella por la que podría aparecer el tranvía.
Llegó el amanecer. Vecinos madrugadores le sugirieron la conveniencia de tomar el colectivo 107 pero Mandeb ya había tomado una decisión.
Durante la mañana, hizo algunas amistades ocasionales. El tránsito era un poco más denso, lo que lo obligaba a prestar más atención.
Llegó la tarde y otra vez la noche. En verdad pasaron muchos días. Por momentos Manuel Mandeb sentía que su fe se quebrantaba. Muchas veces sintió la tentación de optar por otros medios de transporte que se le ofrecían seguros, concretos, convincentes. Pero él esperaba el tranvía.
Las gentes del lugar le cobraron cierta simpatía y le convidaban pan y vino. En cierta ocasión fue a comprar cigarrillos y al volver pensó que tal vez en su ausencia el tranvía había pasado. Algunas personas le aseguraron que no, pero un hombre que espera tranvías no confía en nadie.
A veces se engañaba con luces prometedoras que finalmente eran el desengaño de un camión. A veces sentía que el momento estaba cerca y hasta llegaba a contar las monedas.
Nadie puede saber cuándo sucedió. Pero una noche, en el fondo de la calle apareció una luciérnaga. Y luego se oyó un llanto mecánico. Poco después, amarillo y reluciente, un hermoso tranvía se detuvo frente a Manuel Mandeb. Desde el interior, un guarda fantasmagórico lo miró como convidándolo.
Mandeb permaneció quieto unos instantes y luego, sin decir nada, se alejó caminando lentamente. Un rato más tarde subió en un taxi y con voz firme ordenó:
—Artigas y Aranguren.

[Alejandro Dolina]

martes, 25 de noviembre de 2008


Vos, de la ruta mas cercana, la mas desierta, la de la gran ciudad,
tu ciudad. Fieles en la banquina. Pero mi inconciencia te llena de flores hoy. Mis ojos quietos, mi ruta de libertad, mi diario sustento.

miércoles, 19 de noviembre de 2008


[siempre la leña]

lunes, 17 de noviembre de 2008

Silencio


Que buen compañero de uno!
Aunque a veces me suelo pelear un poco ultimamente me llevo bastante bien, y aclaro que solo con el mio. El silencio ajeno, ese bien cerca nuestro si es medio jodido...por lo menos a mi me crea muchos interrogantes, se luce de incierto, me dan ganas de gritarle, gritarle y sacudirle todo, todo lo que calla...
Pero sé que hay veces en que comprenderlo no es una mala idea, tal vez sea un silencio diferente al que conocemos...por eso nos puede llegar a irritar tanto por momentos.
Pero si lo comprendemos quien sabe si algun dia de estos nos abraza, nos habla desde bien adentro y nos cuenta de cuanto nos cuenta, cuanto en verdad nos dice.
Tal vez ahi lleguemos a entenderlo y asi dejarlo en paz, si calla confiemos en él, por algo lo hace, tal vez entre tanto ruido debamos callar un rato nosotros y asi poder escucharlo.